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La herida tiene un único borde
que la circunda, igual que los labios,
superior e inferior ciñen la boca,
la abren o la cierran.
Pero no hay dos orillas para una herida
aun cuando ésta sea ya cicatriz añeja.
Pamplinas. Si me hablas de la parte de allá
y de la parte de acá, sólo estás intentando argumentar algún pecado.
Algo oscuro de lo que te avergüenzas pero justificas.
Por eso pones dos bordes a la herida,
y te pasas de un lado al otro según el picor de la sanación
o el avance de la infección.
Se sangra o no se sangra. No me jodas.
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(Madrid, 12 de octubre de 2010)
© 2010 David Lago González