Todas las mañanas despierto

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Vasili Dimitrievich Polenov, Woman walking on a forest trail

Vasili Dimitrievich Polenov, Woman walking on a forest trail

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Todas las mañanas despierto

y tú te has ido.

Has desaparecido groseramente, sin despedirte.

El pecho frío, cortado en dos:

una mitad para mañana, la otra para el olvido,

o para cuando el invierno crezca

sin tenernos en cuenta,

tal como tú y yo hicimos ayer con la vida de otros.

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Todas las mañanas despierto

y mi amor ha muerto.

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No hay rastro de palabra o silencio;

sólo un muslo yerto,

desperdigado por el vasto Sahara del lecho.

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Todas las mañanas despierto

y no me encuentro.

Quien anoche se cobijó bajo la pluma blanca de una oca

fue cambiado en mitad del sueño

por otro que no conozco.

De nuevo han borrado mi memoria,

otra vez han matado a los que me precedieron.

Es así como no tengo una historia.

Y si no tengo pasado, tampoco tengo el futuro.

Ni siquiera es el presente en mí un estado seguro.

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En la alacena de la cocina encuentro un bote de leche malteada.

¿Es de ahora, o lo olvidó la infancia otra mañana lejana?

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Con buena suerte, por la tarde pienso en ti.

Me hago un café, en la pequeña máquina roja de una sola taza.

Le añado un suspiro helado de grappa,

y me siento a la mesa del mantel bordado

compartiendo el color cieno de tu invisible presencia a mi lado.

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(Madrid, 200?-2011)

© David Lago Gonzalez